lavozaltanera

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Advertencia.

” Si te miro, creeré en tu mirada;  tus ojos serán todo lo que exista…

Cuando te toque: será tu piel la
tierra en que habite; aunque sea rentada.

Al besarte,  macerado en
tu boca,  disuelto en tu saliva
entraré en ti.

Si fracaso (y ese no es mi
estilo):

Tras gritar sin obtener
respuesta,

Secuestraré tu voz, por un
instante infinito;

Luego, atomizado en tus
palabras,  dejaré tu cuerpo y tu vida.”

 

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Carta.

Carta.

Mi ambición más delirante, consiste en
encadenar  los sueños a esta vida.
Pretender que todo en lo que creo, todo lo que amo(o amé) pueda condensarse en
los pasos que doy hacia el orbe.

Tomar los errores, echarlos en un saco
y cargarlos conmigo cual espejos, ver en sus reflejos el mal tiempo que no
volverá, desprender de ellos  lo que se
fue y dejarlo vagar libre entre las ventanas de mis ojos:  ojos que han llorado poco; para tanto dolor,
ojos que han visto mucho; y mucho es  poco
en lo infinito, ojos que perciben océanos  en las botellas,  pupilas abiertas  al mandato de ser hombre, de ser nadie, de ser
nada.

 ¡Ser garete de olas chocando¡

Niña de mis amores: fue tu brillo de
estrella lejana e incomprensible  en mis
ojos, la luz del astro sol. Fueron tus manos aterciopeladas y de liquida
suavidad, un espacio que compartí en paz. Tus ojos vieron en mí más allá: más
allá de lo complejo, de lo primitivo; vieron la suavidad de la roca y como gotas
(constantes y delicadas)  encontraron  mi amor.

¡La herramienta  fue tu  amor¡

Hoy que ese océano  de la vida  nos aleja, compruebo que el amor se comparte y
se construye en cada  beso, en cada lágrima…
La renuncia  libera el alma, dejándola  entre corrientes de ensueño  y  libertad.

Me disculpo si en algún momento fui
lejano; si te medí con la regla del pasado,

 ¡Lo evité, lo evité!..

Mentiría al decirte: – el vació de ti, no es inmenso-  pues lo es. Tu ausencia  pesa sobre mí como debió  pesar el mundo a Atlas o el miedo a Dante.

 La  escuela
qué he elegido, es  la sencillez  y su profundidad insondable.  La vida en grandes simplezas. Mi aprendizaje ha
obrado más frutos entré los limoneros que en  las aulas; me academizo  en la escuela de los Arboles y de los mares.

El amor que le tengo al trinar de las
aves y a las noches estrelladas, fue más fuerte que cualquier  argumento Aristotélico  a la hora de descifrar el misterio de tus  palabras. ¡Puedo expresarme en  lenguas, dialectos, variantes,  acepciones, vocablos!..

 Y sin embargo:

 Siempre  dije más con besos y miradas; con caricias escribí
tratados en tu piel.

¡Vuela lejos de mí! ¡Vuela por tu bien!

Adiós, nuevo viejo amor.”

“Polifemo.”

“¡Encontrábame en medio de tanta mierda! Caía un espantoso aguacero y las lenguas de perro de mis zapatillas lamian mi pantalón, que a su vez pesaba un par de kilos más. Mis  calzoncillos de papel máche y el paraguas descansando en el suave ángulo recto, formado por la puerta y la pared de mi casa. Donde lo había olvidado.

Cito (como ejemplo de una situación atenuante): Eran las 12 de la noche,  disfrutaba mi mala vida y mi dipsomanía concupiscente.  Los termómetros marcaban algo así como unos tres grados y medio (Lejos de  la sequedad del invierno; en los trópicos su ¨equivalente¨  la temporada de lluvias, se presenta como una sucesión de aguaceros  tanto en las cálidas selvas como en las frías altiplanicies).

¡Se lo imagina posible lector! Estaba ebrio, llovía y hacía frío ¡Todo en un mismo lugar!

¡Londres no está en una altiplanicie! Si eso se imaginaba.

Tras haber hidratado el cuerpo con uno o dos litros de cerveza, salir a la calle  constituía un reto mental y físico, aderezado exquisitamente por un mal clima y una peor suerte. La suma produjo en mi cuerpo tal estrepito interno y externo erizamiento, que desesperado grité: -¡Oh, creo que miccionaré!-Aunque en realidad pensé: ¡Mierda, al parecer me mearé!

“Descansaba en mi vejiga el tibio líquido…”

¡Mentiras! Sin eufemismos:

Las piernas me temblaban, mi vejiga presionaba mi abdomen, los ojos se me salían de las orbitas y rogaba al panteón en pleno que mis pantalones estuvieran húmedos por la lluvia. En mi mente, torrentes de aguas largas y apacibles;  en mi cuerpo, el estallido

((((((((Gluc, gluc))))))))

-¡Cantó mi vejiga su réquiem de finas contracciones!-

Un placer involuntario me ahogaba en mis micciones… Entonces apareció él, con su excelsa y amoníaca fetidez.

¡Salve salvador mío! ¡Salve. Magnánimo, luminoso Polifemo de concreto!”

Descripción de un afanoso transeunte. Emilio de Siga  (Santa Fé de Bogotá 1962) Inedito.

Dulzura.

“Para quien crea en el amor y en sus empalogozas consecuencias.

-Amelcóchame- me dijo en tono hirviente;

-Fúndeme en tus brazos, sé masmelo en mi bizcocho-

Yo, carne cecina; no soy muy dulce que digamos.

Lo intentó todo: Arequipe, crema chantilly, cerezas en concerva , melao, azucar (varias variedades), frases de Timoteo,

!Amor-es!

Nada funcionó.

Yo cargabá mucha sal.”

Antonio Manfreddi. (Buenos Aires 1992).

Raices

A Angie Puentes.

“-Hoy descubrí que toda la vida me preparé para la guerra; nunca lo hice para la paz.

!Tanta Liviandad¡.

¿Cuantas veces has perdido tu mirada en otros ojos? o has dejado una sonrisa  desplegarse en sinfonías incandescentes; iluminando la tarde que muere..?

Si nunca lo hiciste, entonces ¡déjame cubrirte!

Mis brazos son raíces aferradas al mundo que gira insomne, irreflexivo, sin mesura; agárrate de ellos un par de vueltas más. Pues cuando todo acabé, el mundo girara aún, tu giraras también aún, las hojas caerán amarillentas, los niños torturaran insectos, aún los hombres escribirán sus libros con sangre, también las madres sufrirán aún en la noche y los hijos dejarán sus manos en los campos. Mientras, mis brazos serán raíces aún y estarán anclados a la tierra para que te cubras con ellos; tal vez, seré el árbol que de sombra.

Deseo locuazmente:

Confundirme con el eco de las ramas, abandonar la muerte que implica la civilización. Perdido entre las ramas de los arboles ahondar las raíces de mi espíritu, olvidar la lengua de los hombres, desechar los ambages superfluos de las ciudades, lavar en las fuentes  el rostro cubierto de mentiras heredadas.

!Tantas maravillas simples¡

Lo esencial habita al hombre, solo que: duerme en las mazmorras del olvido.

Andrés Hernández “Carta de Amor a una niña que se convirtío en Luciernaga” Bogotá D.C. 2011.

Agradecimientos al equipo de “Reddoor Magazine” por la publicación de algunos textos del blog.
Especial agradecimiento a la poetiza Angie Puentes; sin su feasiente confianza en mi trabajo, esto no habría sido posible.
!El proceso creativo continua¡

Primera publicación externa

!Nos han publicado y eso está de puta madre!
http://reddoormagazine.com/literature/